Un cuento, una manta y el fuego encendido,
el mundo de fuera se queda dormido.
Manitas que escuchan, voz que guía el camino,
tejiendo memorias con hilo divino.
Diamante a diamante, la calma se siente,
un refugio de paz que abraza la mente.
Porque el brillo más puro, sin duda, es este:
el amor de una abuela, que todo lo inviste.



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